10 de noviembre de 2009

Seguridad Fashion (ampliado)

Estoy en el banco haciendo un depósito, y a mi lado llega un señor, en uniforme, con una gorra de la empresa, con un fajo de billetes en la mano y se pone a llenar su planilla. En seguida llega el vigilante: "Señor, se tiene que quitar la gorra"... Este señor se quita la gorra y murmura "si inventan mariqueras en este banco". A la salida pensaba preguntarle al vigilante o a la gerente el porqué de esa medida. Pero justo antes de hablar con cualquiera de los dos vi una gran calcomanía que señala las prohibiciones: No se puede hablar por celular, no se puede entrar comiendo y la última: Prohibido entrar con lentes oscuros y gorra.

Imagino que es que los choros que tienen azotados a los bancos entran todos en gorra y lentes oscuros ¿? Lo cual hace que tales accesorios sean de alta peligrosidad o se conviertan en "elementos universales" que denoten que solo quien va a robar el banco usaría lentes negros y una gorra. Es curioso esto, porque quienes van a robar un banco generalmente también usas pistolas... pero no ví ninguna calcomanía que las prohibiera dentro del banco. Definitivamente, la gorra es mucho más peligrosa... Imagínense unos choros entrando a robar el banco con gorra, alzando las pistolas prometiendo tiros y el diligente vigilante: "señores por favor, quítense las gorras, está prohibido!", el ladrón apuntándole le grita "quédate quieto tipo que te descargo la pistola aquí mismo", e insiste el vigilante "tranquilo por la pistola, pero la gorra se la tienen que quitar..."

El asunto, además del tufillo clasistoide y estereotipado, es una de esas medidas contra la inseguridad que no funcionan porque en principio NO ESTÁN ATACANDO EL PROBLEMA, sino el imaginario alrededor del problema. El problema es que los que roban pasan con armas de fuego. Eso es lo que hay que evitar. Inviertan en entradas que controlen ingreso de metales. No es una tecnología inaccesible. Sin ir muy lejos, el Banco Provincial de Higuerote lo tiene (o por lo menos funcionaba la última vez que fui): es una cabina de dos puertas, entras por una y se cierra, si tienes un objeto de metal encima la cabina lo detecta y la segunda puerta no se abre. Por ejemplo, no digo que sea un sistema infalible, pero seguramente reduce más las posibilidades que una prohibición para usar gorras dentro del banco.

Ni decir, como escribían en twiter, de lo absurdo que en un país tropical y con un calor de perros como este hayan normas de etiqueta para entrar a un banco a hacer operaciones con "nuestro" dinero. Es decir, sí estoy de acuerdo con mejorar las normas de seguridad, pero al igual que en la inseguridad del país, abogaría por claridad en qué es lo que se combate, y a quién es al que se protege. Se protege el dinero y la seguridad física de los clientes de personas que entran armados. El "fashion" lo pueden dejar para las revistas y anuncios de empleo, donde de repente comenzaremos a ver que "se solicitan malandros robabancos con moto propia y buena presencia: mandar foto sin gorra".

AMPLIACIÓN: Una amiga en Facebook me explica que ciertamente lo de la gorra es por el asunto de la identificación en las cámaras de seguridad. Y está bien, es una medida que puedo comprender y que soluciona exclusivamente lo de la identificación. Sin embargo, igualmente creo que el problema a resolver está antes, está en el acceso al banco con armas de fuego, usen o no usen gorras. Habría que caminar hacia allá.

7 de noviembre de 2009

Argumentación y respuesta.

Hoy recibí un comentario en un post sobre la charla del Sr. Sandro Benecci, que pueden encontrar en http://superhuevoblog.blogspot.com/2009/05/educacion-de-avanzada.html. Ahí pueden leer seguidamente la respuesta de la Sra. María que también presenció la charla. Les pediría que leyeran primero la entrada y el comentario, antes de leer mi respuesta, para seguir el orden lógico de la conversa. Luego lo que respondí por email. Lo hago público pues creo que el tono de la respuesta inicial lo amerita:

Saludos, Sra. María. Cómo le va?

En primer lugar quiero pedirle disculpas, porque en principio asumo que el 50% de lo que tal vez no entendió de mi post es en efecto mi responsabilidad. Y no tengo ningún prurito en asumirlo así. Mi artículo no era en contra del Sr. Benecci, sino en desacuerdo con un par de ideas puntuales que presentó. Por eso no me dediqué a insultarlo como persona, y sí traté de argumentar contra esas ideas, lo cual no me parece pecado ni motivo de rabia. Es simplemente mi argumento contra el suyo. Ambos tenemos el mismo derecho a tener ideas distintas. Pero para explicar mejor mi punto, pues entiendo que hubo algo que omití, partiré esta vez desde lo que comparto con Benecci.

Estaría de acuerdo con Benecci que nuestra educación es bastante mediocre. Comparto que el uso de nuevas tecnologías es recomendable, y no solo el videobeam, hay que meterse en internet, abrirse cuentas en Facebook, en Twiter, revisar videos en Youtube que puedan ser útiles para ilustrar ciertos contenidos, escuchar canciones pertinentes para reflexiones académicas o de la vida misma y pasárnoslas con los alumnos por bluetooth o qué se yo cuántas cosas, hacer juegos de búsqueda en internet sobre temas (en páginas serias que no sean elrincondelvago.com, por ejemplo), y en eso nuestra educación es mediocre, aún no hemos descubierto el poder que tiene la tecnología, al contrario, a veces tnemos una barrera y no entendemos que en ese mundo se mueve el conocimiento actual de nuestros chamos. Y no solo a nivel de escuelas. La cosa pasa hasta en la universidad. Y allí comparto también con Benecci el punto del Liderazgo educativo. ¿Se imagina la conexión entre los estudiantes y sus maestros si el maestro anda en "la misma" onda que los chamos? y en la línea que usted resalta diría ¿Se imagina todo lo que podemos aprender de lo que le pasa a nuestros estudiantes compartiendo esos espacios y la oportunidad de hacer una buena orientación no solo académica, sino también de vida, ya en los espacios presenciales? La cosa se pierde de vista, y nosotros aún no lo vemos, hablando a modo general bueno, empezamos por recordar el decreto presidencial de gastos suntuarios en el que incluye los gastos de uso y ampliación de redes y servicios de internet en instituciones públicas -incluyendo las educativas- en el rango de "Lujo", y según ese decreto en "prescindible").

Pero volviendo al punto, ya no aceptaría la visión que usar videobeam, ni siquiera con el argumento de que "el cerebro piensa en IMÁGENES no en palabras", es lo que hará mejorar la educación que se imparte en nuestras aulas, por muy buena idea que sea. Mi segundo párrafo expone el porqué. No me refiero a que lo del cerebro-imágenes-palabras sea mentira, (aunque podríamos conversar ampliamente respecto a las inteligencias múltiples y estilos de aprendizaje y de la gente que por más videobeam que tengas en clases, igual tendrá mejores resultados con otro tipo de estímulos), me refiero al buen uso que podríamos darle a un videobeam si nos hace falta, y el pésimo o irrelevante resultado de no saber usarlo. En todo caso, le comparto, con mucha humildad, esta presentación sobre el funcionamiento del cerebro y su relación con el aprendizaje http://www.slideshare.net/consuleduc/el-cerebro-y-el-proceso-de-aprender. Seguramente usted ya conoce los conceptos, pero igual se lo comparto. La primera parte es más sobre el proceso neurológico de cómo funciona el cerebro, para caer en los métodos de aprendizaje a partir de la diapo 86, revisando varias teorías y modelos científicos sobre el tema.

En ese punto de la tecnología y lo mediocre de nuestro sistema de enseñanza, pensaba en nuestro contexto. Pongamos que le compro la tesis del videobeam, sin ninguna objeción. Pregunto, ¿de dónde sacarían cada una de nuestras escuelas el presupuesto para tener un video-beam en cada salón de clases? Eso fue lo que insinuó Benecci, que cada maestra debería tener uno en sus salones. ¡Por supuesto que estaría de acuerdo en eso! Me parece genial que así pudiera ser... pero no, esa no es nuestra realidad. Entonces, la idea de superar nuestra mediocridad educativa se me hace cuesta arriba, según su insinuación, por no decir frustrante. Vamos dígame, aquí entre nos, tienen en su escuela un videobeam por salón? o está en los planes de la institución adquirir (¿cuántos?) videobeams para seguir los consejos del amigo Benecci? Con la morosidad en la matrícula que de broma da para pagar a los trabajadores y maestras, con el sobreprecio grosero con que venden esos equipos en el país, con lo difícil que se hace comprarlos afuera con el asunto del dólar y demás señas... Ahora piense que usted está en una escuela privada -según entiendo-... ¿cómo será en las instituciones públicas? Espero que comprenda por qué el argumento del videobeam, tal como lo planteó Benecci no me dio mucha esperanza. Pero en todo caso, es mi opinión. Y tengo derecho a disentir, y usted no está obligada a pensar igual que yo.

El tema del Parque de Disney, pues, bien, solo me referí a su pregunta. Lo explico ahora más detalladamente. Estoy de acuerdo con Benecci en el tema general del reconocimiento. Sí, la promesa de un premio puede ser motivante. No, no estoy de acuerdo con que Disney sea el modelo aspiracional de reconocmiento, o en los términos que dijo "Cómo no han ido a Disney? Qué tipo de maestras son?" palabras más palabras menos. Comparto con Benecci la idea del viaje. Sí, salir del país (incluso le diría que salir de la ciudad al otro extremo del país simplemente) te da muchas perspectivas, amplia tus horizontes, todo lo que usted quiera. Pero si de eso va a depender la calidad de nuestra educación y la motivación de nuestras maestras y niños... usted me dirá. Ojalá todos pudiéramos viajar por el mundo, y no solo a Disney, Brasilia es una ciudad que te hace sentir "en otro planeta", Quito es interesantísima cómo la línea ecuatorial y la "trayectoria" solar marcaron la construcción de la ciudad, la vida cultural y risiblemente accesible de Buenos Aires, el encanto de Bogotá o la ciudad amurallada de Cartagena, subir al Machu Pichu peruano, ojalá pudiéramos "cruzar el charco" y "vivir" Roma, Barcelona, ver con nuestros propios ojos cómo los alemanes "borraron" el muro de la vergüenza, entrar a la "Ciudad Prohibida", o conocer paisajes de pueblos no tan renombrados pero cargados de historia y demás cosas para llenar los ojos y la mente. Voy a dejarle el ejercicio de adivinar, si le interesa, a cuáles destinos ya fui, pero no es lo importante realmente. Le confieso sin que me quede nada por dentro, sueño, no perdón, tendría que ser en mayúsculas: SUEÑO! con ir a Egipto, por razones que harían muy largo este mail. Y le voy a decir más, aunque le cause risa, tiene usted razón, nunca he ido a Disney World. No tiene usted razón en sus insinuaciones sobre el reconcomio y frustración de no poder llevar a mis hijos, ni mucho menos ese "chavismo" que usted me endilga tan fácilmente sin haberse leído unos cuantos escritos más de mi blog. Porque usted no me conoce, no conoce a mi familia ni qué tipo de educación me dieron, ni la escala de valores que nos inculcaron, jaja y ni se imagina cuán "miserable" es mi sueldo. Me encantará ir a Disney cuando pueda. Por ahora, nuestras prioridades familiares son otras.

Sin embargo, vuelvo al escrito. Ojalá los maestros tuvieran sueldos menos "miserables" como usted le dice al mío. Yo le puedo contar de los que conozco que no llegan ni a los 2 mil BsF. Una auxiliar de Preescolar gana solo salario mínimo. Usted me dirá. Ah, pero ni contar a mis amigas que trabajan en "públicos" que no cobraron TOOOODO el año escolar pasado. Ahora le preguntaría a usted ¿cuánto ganan las maestras en su colegio? ¿Es tanto así como para viajar a "Disney" cuando les provoque? ¿En serio estoy tan desubicado de nuestra realidad? No creo. Entonces, por eso cuando Benecci se asombraba de que en el auditorio no había gente (representativamente hablando) que hubiera ido a Disney y decía "¿Cómo va a ser?", pues me parecía una "motivación" fuera de contexto. Más nada. Nuevamente, es mi opinión, y tengo derecho a profesarla.

Así que entonces, le diría ya a usted personalmente. Está bien si a usted y a sus amigas les pareció fenomenal e indiscutible la charla de Benecci. La gente con la que yo compartí opiniones, pues nos pareció que estas cosas lo sacaban de contexto. Ahora, ¿no cree que es más educativo, ya que estamos ambos en el medio, debatir argumentos en vez de insultarnos? sobre todo en la base de cosas que usted no conoce de mí, y además veo que no se ha tomado el tiempo de averiguar. En todo caso no me importa si usted no sabe quién soy yo, ni de donde vengo, ni qué piensan mis estudiantes de mi. Me importa que en el mayor de los desacuerdos, usted que es maestra sepa ubicar argumentos y debatir mis ideas, y no insultarme. Insultarme no la hace a usted mejor educadora o ciudadana. Al contrario. Espero que reconozca que en todo este mail no le he respondido con los insultos con los que usted decidió responderme a mí.

Demás está decir, que a pesar de todo, será usted siempre bienvenida a discutir todo aquello en lo que no esté de acuerdo conmigo. Debatir los desacuerdos es el ejercicio más educativo que podamos practicar. Creo en eso, profundamente, espero que me crea. Espero además que entienda mejor lo que quise explicar y perdonar los posibles vacíos. Por último, espero que la próxima vez (ojalá la haya) me responda usted con un poco más de respeto.

Un abrazo fraterno.

Alfredo Calzadilla Tessari.

2 de noviembre de 2009

"Y el loco soy yo!"... decía el merengue aquel.

Hoy me pasó algo realmente difícil de procesar, incluso en toda esta situación-de-país que todos los días se bate a duelo con nuestra capacidad de asombro. Resulta que mi urbanización tiene dos acesos desde la avenida. Uno de ellos tiene dos portones, uno de entrada y uno de salida, y que es para los propietarios que pagan condominio. El otro acceso, a escasos 500 metros, es de brazos y permanece abierto la mayor parte del tiempo, porque hay un centro educativo. Pues resulta que últimamente se ha vuelto costumbre en el acceso de propietarios que la gente usa el portón que esté abierto, sobre todo quienes no tienen control, causando no más de una incomodidad a quienes lo usamos en las direcciones correctas.

Por eso hoy al mediodía llegaba del trabajo y abro mi portón de entrada, y cuando estoy a mitad de portón una señora en un carro gris se detiene delante de mí para "salir por la entrada". Yo todavía le abro con mi control el portón de salida, para que salga sin problema, y le hago seña para que salga "por la salida". Mi sorpresa es que la señora me dice (por señas) "¿Por qué? Ella iba a salir por por allí (por la entrada)". Pensé que no había entendido y todavía le hago seña con el control que la "salida" estaba abierta. Pero no.

Ya me desencajaba la señora, que me veía con esa cara que traduce "Este hijueputa me abre el portón de salida cuando yo lo que quiero es salir por la entrada". Yo que pude haber sido realmente "hijueputa" y no abrirle ningún portón y mandarla directamente al otro acceso. Pero no. Entonces, aprieto el botón del control una vez más, para que la salida se abra de nuevo y le hago seña para que entienda, porque la cosa ya era personal. No podía creer que esta señora no entendiera que le estaba haciendo la cortesía de abrirle el condenado portón de salida para que ella saliera!!! (lo repetitivo es adrede). Y he aquí que a la doña no se le ocurrió otra cosa que sacar un estuche de maquillaje y ponerse colorete en los cachetes!!!

Entonces, adelante tan solo un poco para que el portón de entrada pudiera cerrarse, y esperé a que el portón de salida también se cerrara. Luego me acerqué lo suficiente a la puerta del carro de la señora y le dije bien fuerte, seguro de que me oyera: "Por malcriada y bolsa ahora va tener que dar la vuelta hasta el otro acceso, para que aprenda". Me monté en mi carro y avancé hasta mi edificio. No sin esperar un tiempo a ver cuánto tardaba el carro en pasar. Efectivamente 2 minutos después el carro gris de la señora pasó frente a mí en dirección al otro acceso. Presumo que no llegó más nadie a entrar "por la entrada".

Creo que el punto está claro. Cada vez nos importan menos las normas. Querer hacerlas cumplir es incluso más difícil. Porque además es un signo de debilidad para el que la infringe: todo el mundo lo puede hacer y ahora viene este a decir que no yo no puedo. Debe ser por eso que la señora del carro gris no aceptó la cortesía de que le abriera el portón. Lo que preocupa es que si no somos capaces de seguir las más básicas y mínimas normas de convivencia en nuestra comunidad, y no caer en cuenta de ello cuando un vecino nos llama a capítulo... ¿qué estamos esperando de nuestras autoridades y gobernantes?

3 de octubre de 2009

El ciego que da palos, y el que le da el garrote.

El próximo 10 de octubre la vinotinto jugará en el CTE contra Paraguay por la clasificación al Mudial de Fútbol. Las entradas se agotaron hace una semana, más o menos. Pero sorprendentemente todavía se consiguen entradas. Bueno, ni tan sorprendente. Es la reventa. El problema de la reventa es que una entrada que te costaría normalmente y por derecho, 50 Bsf, ahora te costará entre 150 y 200 Bsf. Ni contar entonces las VIP que rondan los 700 Bsf. Quisiera recalcar las palabras "por derecho", porque 50 Bsf es el precio que marca la entrada y el que la organización del evento determinó que sería el valor de la entrada.

La culpa es del gobierno (quien organiza estos eventos deportivos) que permite que una sola persona compre 50, 100 entradas sin control (aun cuando existe una normativa que regula el número de entradas por persona), y luego las revenda al triple o más, haciendo "su agosto" con uno. Hay quien incluso tiene nombres y apellidos de gente ligada al gobierno local que controla esta "oportunidad de negocio". Eso es un abuso a nuestro derecho. Y eso es corrupción.

Para mí el problema más grave es el mercado. Porque no creo que se queden frías esas reventas. Porque "hay que ir al juego a apoyar la Vinotinto". No importa lo que tengamos que pagar. No importa si me están estafando. ¡AL DEPORTE NACIONAL HAY QUE APOYARLO! Quejarnos de lo otro es terapia, ya veremos la próxima vez que vuelvan a hacerlo... y volvamos a financiar la corrupción de la que todos los días nos quejamos.

El asunto de la corrupción es que solo parece grave si es para beneficiar a los políticos. Si somos nosotros, y nos sirve para darnos gusto, pues, ya no es tan grave. Porque no solamente es corrupción cuando se vuelan nuestros impuestos. También cuando pagamos voluntariamente por una entrada de reventa. Estamos pagándole de primera mano a un corrupto para que atropelle nuestro derecho a una entrada de 50 Bsf. Estamos validando con nuestra plata el estilo de vida de uno de esos corruptos que todos los días criticamos. Y lo hacemos con dinero de nuestro presupuesto personal y familiar, que nos ganamos trabajando honestamente, y que según las estadísticas nacionales no nos está sobrando. Y esto, mis amigos, no es culpa de ningún gobierno. Es nuestra culpa.

¿Cómo arreglar eso? Podría ser muy fácil: no comprando entradas de reventa (¿Te volviste loco Wilfrido?). Es tan sencillo como estar claros si nos gusta que nos atropellen. A ver de qué lado estamos: del lado de los que nos atropellan o de nuestro propio lado. Es estar claros en qué es más importante: un juego de la vinotinto o el país de todos los días, el que queremos. Si a usted le gusta que lo estafen y financiar voluntariamente a los corruptos de su país, pues haga caso omiso de este escrito, vaya y compre su entrada y buena suerte. Pero después no se queje del gobierno, de la corrupción que usted mismo financia.

Si es anota a lo contrario, pues aquí le tengo un motivo: Que pierdan bastante plata los revendedores. Que no les sea negocio el acaparamiento. Que se jodan.

La corrupción no la va a acabar el gobierno, ni sus instituciones, llenas de gente corrupta. El trabajo tiene que venir desde nosotros y de esas pequeñas decisiones de todos los días, con las que evitamos que nos den con el garrote que toman de nuestras propias manos. Y un país de justicia y sin corrupción, bien vale ver un par de juegos en la televisión... que no es lo mismo, pero es más honesto.

4 de septiembre de 2009

#NoMasChavez o #NoMasQuién?

Brazil es una película genial de Terry Guilliam, en la cual un empleado público se ve entrampado en toda la maquinaria burocrática e ineficiente de las instituciones gubernamentales. Curiosamente se da cuenta de eso mientras se enamora. Pero el punto es que a ratos sueña con la mujer deseada y que ésta es prisionera de toda esa cosa terrible que es el sistema. En sus sueños, este empleado público (que interpeta Jonathan Pryce) es un ser alado, con armaduras brillantes, una gran espada, y hasta cabello largo -cuando en la realidad de la película, es más bien pelón-.

Entonces, para rescatar a su amada se lanza una pelea contra un gran monstruo estilo samurai, de más de 3 metros de alto, grueso, con lanzas descomunales, que brama como las bestias más fieras, y que está decidido no solo a mantener cautiva a esta mujer soñada, que es la esperanza y el anhelo del personaje de Pryce, la felicidad. Sino que además está dispuesto a acabar con Pryce, aplastarlo como una hormiga, porque en la realidad, quien desafíe un sistema que no funciona por ninguna parte pues, es el enemigo.

Pero aquí viene lo bueno de cuando contra todo pronóstico Pryce vence a la gran bestia, después de haber perdido sus alas, su espada, haciéndose de una lanza casi "incargable" del enemigo. La bestia en el piso, Pryce se acerca para develar su rotro cubierto por la máscara samurai, y.. sorpresa, la cara de la bestia es la misma de Pryce! Acorde dramático, Pryce vuelve a la realidad de su oficina inoperante.

Porque a veces parece que el enemigo es otro. El vecino de la junta de condominio, el dueño de la empresa, los cuerpos policiales, el funcionario de la alcaldía, el gobernador, el presidente de tal institución pública, Chávez. Y no es que no tengan responsabilidad, grandísima, claro, y hay que hacer contraloría y exigir eficiencia y honestidad y mejor calidad de vida, todo eso. Sí. Pero también ver que en el burro estamos montados todos juntos. Y que si la gente que llega al poder hace los desmanes que hacen, es porque antes de llegar ya lo hacían -y eran personas como nostros que de repente solo se comían la luz de los semáforos, se meaba en las aceras, maltrataba a sus empleados, le montaba cacho a su mujer, se llevaba cosas de la oficina para su casa "prestadas" que no devolvía más nunca, le pagaba algo pa'l fresco a gente que le resolvía diligencias fuera de los caminos regulares, botaban bolsas de basura en las calles a través de las ventanas del carro, si alguien los contravenía pues lo resolvían a golpes, pedían prestado y después se escondían para no pagar sus deudas, metían facturas médicas falsas hechas por un médico amigo para sacarle plata al seguro, se adelantaban al primer puesto en la taquilla del banco y que para preguntar algo y ¡zuás!, chocaban y le pagaban algo al fiscal para alterar el reporte para que el otro tuviera la culpa, que acomodaba los reguladores para que la cuenta de luz le viniera bajita, que prometía cosas a sus clientes para engancharlos y después no les cumplía y hasta les decía que nunca les prometió nada de eso, que botaba a un empleado por X razones y buscaba a un abogado para ver cómo le podía pagar menos de lo que le correspondía por ley, que jamás fueron a una reunión de junta de condominio, que entraban tarde al trabajo y además se tomaban media hora para desayunar y hablar paja con los compañeros un rato, y luego salían media hora antes "porque mi hora de almuerzo es sagrada a las 12 en punto!", (ponga usted las siguientes): _____________________________________.

Mi punto es, un desastre de país no es responsabilidad única y excluyente de una sola persona. Cuando pienso si manifestarme en el NoMasChávez, porque ciertamente no comparto sus políticas y actitudes divisorias, su manifiesto desdén por todos los que no digamos "patria, socialismo o muerte" aupando todo lo que haga, su excesiva luz para afuera y su selectiva (pero amplia) oscuridad para los que aquí estamos, digo, está bien manifestarse, hay derecho pues.

Inmediatamente pienso, ajá, y si después de hoy No-tuviéramos-MásChávez qué? Todos seremos buenos ciudadanos, y el próximo gobernante sería el mejor de todos y todo sería felicidad, los chavistas dejarían de ser chavistas y nos uniríamos todos sin rencores y olvidaríamos que todo esto sucedió? No, porque seguramente cualquier otro de nosotros llegará arriba y seríamos todos iguales.

Por eso el NoMasChávez, para mí, lo transformo en NoMasNosotrosComoPaís. Creo firmemente, que esta Venezuela no la cambia un presidente, ni un gobierno, ni la más lúcida Asamblea Nacional, la cambiamos nosotros. Pero cambiar de verdad, no solo de discurso para decir que los que piensan distinto son los malos y nosotros los patriotas.

Cuando cambiemos nosotros, genuinamente, y pensemos en el país que queremos pero no en el mapa, o en las instituciones, sino en el tipo de gente que queremos a nuestro alrededor, y comparemos cómo estamos usted y yo en ese modelo y cuánto tenemos que cambiar para llegar a ser "la gente que queremos" encontrarnos en las calles, tiendas, instituciones y gobiernos de esta tierra que hasta ahora ocupamos, pues ese día no necesitaremos decir NoMasChávez.

Como la mujer soñada de Jonathan Pryce, ese es el país con el que sueño. Yo no marcharé hoy por el NoMasChávez, tengo una lucha pendiente conmigo mismo.

#NoMásYo.

He dicho.

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