
5 de agosto de 2010
Nadie Tiene la Culpa de las normas odiosas en los comercios (Podcast)

3 de octubre de 2009
El ciego que da palos, y el que le da el garrote.
4 de septiembre de 2009
#NoMasChavez o #NoMasQuién?
25 de julio de 2009
Puede ser que esto no le guste a mucha gente. #freemediave
21 de julio de 2009
Cuando no sabemos si la ficción supera la realidad (o al revés)
El otro día fui al cine con mi esposa y mis sobrinas a ver Hotel Para Perros. El asunto es que comienzan los trailers y no se escucha nada. Todos en la sala esperamos hasta que vino el segundo corte y seguía sin escucharse sonido alguno. Se me ocurre salir a avisarle a algún empleado del cine que hay una falla en la proyección y el muchacho me dice, sin pensarlo mucho, que “no me preocupara, que era normal que no hubiera sonido al inicio de los cortes, porque eso era una prueba que se hacía, y que en unos minutos comenzaría a sonar, que regresara a la sala tranquilo”. Como si yo no hubiera ido al cine nunca. Y aunque fuera la primera vez, este muchacho simplemente decidió que su flojera era más importante que el derecho de todos los que en la sala queríamos ver –y escuchar, ente caso- nuestra película, con trailers y todo.
Y es que muchas veces tenemos la oportunidad de que el cine no solo nos entretenga un rato con historias que son “de mentira”, y aunque algunas estén basadas en hechos reales, psicológicamente ponemos una barrera entre lo que le pasa a esos personajes y nuestras realidades. Es decir, lo que pasa en la pantalla, no nos pasa a nosotros. Pero muchas veces, más allá del entretenimiento, el cine nos da el chance de darnos una cachetada de realidad. Como en este caso.
Era inevitable sentirse como Angelina Jolie en “El Sustituto”, la película de Clint Eastwood sobre una madre que pierde a su hijo y la policía le devuelve otro niño y quiere hacerle creer a la madre que se trata del suyo. No importa cuánto trató la madre de explicarles a la policía, al médico, al psiquiatra que ese no era su hijo, cosa que además era facilísimo de demostrar –más allá, incluso, de la palabra de la madre-. Y este es un caso de la vida real, ocurrido en los Estados Unidos de los años 30’s, aunque la situación extrema es tan difícil de creer, tanto así como el chamo del cine que en vez de ir a avisar a la sala que la proyección fallaba, pensó que era más fácil convencerme de que si la película “no sonaba” pues era lo más normal.
“El Sustituto” de Eastwood, aparte de la protagonización de Angelina Jolie con su nominación al Oscar, y el acompañamiento del siempre impecable John Malkovich, es más que una recreación de un hecho terrible de asesinatos y corrupción policial, es una de esas películas que nos ponen a pensar en el país que tenemos hoy día. Un país en el que “la autoridad” no tiene mucha capacidad de respuesta. Y ojo, que puse el ejemplo de la proyección para que no piensen que me refiero a las “autoridades de gobierno”. Entendamos “autoridad” como cualquier persona que tenga la posibilidad y el deber de darnos respuestas. Igual que en el cine, puede suceder si usted reporta una falla de línea telefónica el técnico podrá insistir que la falla es de su aparato y no de la línea, así haya probado usted con otros teléfonos; si usted mete el carro al taller para que le cambien el parachoques y el carro sale con la bomba de gasolina dañada, el mecánico hará lo imposible para convencerle que ya esa falla la tenía, así la verdad sea que le estafaron. Por supuesto, es imposible dejar de lado las afirmaciones ministeriales aquellas de que “no hay escasez, es que la gente tiene más poder adquisitivo y agota los inventarios”.
Sin embargo, algo que me encantó en “El Sustituto” fue no solo el tesón de la madre por desafiar las instituciones que fuera necesario y siempre por las vías regulares, so pena de las más brutales represalias y vejaciones, y sin flaquear, sin pensar nunca que “eso no se va a resolver”. Y para eso hay algo indispensable: la solidaridad. Pero no la solidaridad pasiva de la compasión. Hablo de la solidaridad activa. La maestra de la escuela, el pastor de la iglesia, el locutor de la radio, hasta la “loca” del manicomio que es capaz de someterse al castigo del electroshock para defender los derechos de una desconocida, que no es “su problema”, pero lo hace suyo. Incluso el policía –curiosamente latino, en la película- que desafía a sus superiores cuando “huele” que algo está mal en la investigación –mejor tarde que nunca-.
Pensaba yo, cuando haciendo colas “madrugoneras” en la Inspectoría de Tránsito, el fiscal de turno decide poner arbitrariamente un “requisito nuevo” para tramitar algún documento, y uno protesta, otros que están en tu misma situación se quedan callados porque “puede ser que a ellos no los reboten”. Y los rebotan.
Lo bueno es que no todo está perdido. A pesar de mi cuasi apocalíptica introducción, “El Sustituto” también nos plantea esperanza, como el mismo personaje de Jolie lo dice cuando descubren a un niño sobreviviente de los asesinatos: “este niño me ha dado algo que antes no tenía, esperanza”. En la justicia, en que vale la pena insistir, en que vale la pena tener claro lo que queremos (podríamos decir como ejemplo, el tipo de respuestas que queremos de nuestras autoridades). En que resolver “mi problema” puede convertirse en un precedente para que otros no pasen por lo mismo que yo. Incluso puede ser que la solución de “mi problema” pase por resolver los primero los problemas de otros (como las reclusas del manicomio, que es una de las secuencias más dicientes de la película, a mi juicio).
Aunque esta sea una película que ya no está en las carteleras, bien vale la pena revisar, en cualquier rincón de alquiler, y no solo verla más de una vez, sino comentarla, con los amigos, con nuestros hijos, a ver cómo nos reflejamos en la terrible pero esperanzadora historia de Christine Collins y la Policía que le devolvió un hijo que no era el de ella.
4 de febrero de 2009
Ventajismo Electoral por el NO
10 de junio de 2008
Secuestro y castigo
Hace un rato estaba escuchando a un locutor en la radio (de hecho, pasando de una emisora a otra encontré a varios hablando del tema) que condenaba a los secuestradores, ciertamente, y clamaba por castigos de parte de la justicia. Ahora, el señor se emocionó y empezó a dar sugerencias que según él podrían ser, perdón, deberían ser aplicadas a ciertos casos. He aquí las más:
1. Pena Capital (que lo disculparan sus oyentes si les sonaba fuerte, acotó). Pero a un secuestrador había que eliminarlo, tan sencillo.
2. A los violadores, no se le pueden dar 30 años. Son merecedores de cadena perpetua o la pena capital. Por supuesto imagino que a juicio del facultativo, pues no aclaró en qué casos se puede pasar de una pena a otra. (En todo caso, con el perdón de sus oyentes, la pena de muerte va ganando por dos tantos).
3. Aquí la cosa comenzó a ponerse de pelar los ojos. La siguiente sugerencia, y a juzgar por el tono de voz, creo que era la preferida de este locutor: EL RECUERDO. ¿En qué consiste este castigo? De recuerdo nos quedaremos con un dedo del secuestrador. ¡¡¡POR DIOS DE MI MADRE QUE ESTE SEÑOR LO DIJO!!! Como un secuestrador está tomando a alguien y lo priva de su libertad, entonces nosotros le cortaremos el pulgar, para que ya no pueda agarrar fácilmente las cosas... ¿qué ocurrente no? y si reincide, pues le cortamos ¡otro dedo! Hay que promover que se revisen las leyes para que a estas personas muy malas que secuestran gente, pues les podamos cortar un dedo por cada vez que secuestren a alguien... (ojo, esta era la argumentación en vivo, no es de mi cosecha, o que yo esté echando broma. Insisto, esto lo dijo al aire, convencido de que estaba haciendo un llamado ciudadano a promover leyes más justas...)
Repito, es terrible lo de los secuestros, y que un niño de 10 años y su familia tengan que pasar por esa. Es terrible que nuestro sistema de justicia esté tan echado a perder como lo está, cuando no se puede confiar en las policías porque tan sencillo que muchísimos son malandros con placa. Es terrible que nuestras cárceles no reformen delincuentes, sino que los entrenan. Es terrible todo eso.
Yo incluso entiendo que quienes sufren de este mal, los padres del niño deben querer no solo que les corten un dedo (ya si me viera en esa, estoy seguro que cosas peores pasarían por mi cabeza). Pero creo que con un poder comunicacional como un programa de radio, podría pensar en exigir mayores responsabilidades, y promovería la realización de un sistema más justo, y no vengativo. Como decía uno de los personajes en la película de Luis Alberto Lamata: "Si uno actúa con las armas del enemigo, entonces el enemigo es uno mismo".
