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5 de agosto de 2010

Nadie Tiene la Culpa de las normas odiosas en los comercios (Podcast)

¿Qué pasa cuando queremos entrar con comida de McDonalds a la sala del cine y no nos dejan? ¿Está bien eso, o es un atropello? ¿y cuando nos piden que dejemos nuestros bolsos en un estante a la entrada de la tienda? ¿Vale tratarnos a todos como delincuentes en potencia, o no hay otras medidas de seguridad más cordiales para con los clientes?

De esas normas odiosas estuvimos conversando con Aiskel Andrade, abogada y politóloga, a ver si hay alguna manera de conciliar el derecho del cliente con el derecho de la empresa, un tema que a veces no es tan sencillo de resolver... y a veces ni siquiera nos damos cuenta de que tal conflicto de derechos existe. Pero bueno, al fin y al cabo nadie tiene la culpa...

Nos presenta nada más y nada menos que Frank Carreño, venezolano, locutor y actor de doblaje, creador de la academia Voces de Marca, y a quien puedes seguir en @vocesdemarca para enterarte de castings de voces, talleres y artículos de capacitación en radio. ¡Recomendado!

NOTA: Para escuchar el audio solo tienes que hacer click en el título de este post.

PD: El sugestivo aviso de prohibido prohibir lo tomamos de elzahnirreal.blogspot.com

17 de marzo de 2010

Cosas que extraño del cine...

Vamos, gente mala conducta en el cine siempre hubo, y hay que decir que antes eran peores. Los multicines, por alguna razón, acabaron con las patotas de adolescentes que en mis tiempos hacían guerra de cotufas y papel toilette durante la proyección. Lo más salvaje que recuerdo en un cine de Puerto Ordaz, en el viejo Cine Altamira, fue un osado que explotó un cohetón que gracias a Dios no dejó nada qué lamentar. Sin embargo, algo que extraño profundamente es la figura del vigilante de sala. El vigilante de la sala, que podían ser varios, ayudaban a ubicar a la gente cuando la película ya había comenzado y no se veía con claridad cuáles o cuántos puestos estaban libres. Pero también aparecía cuando el desorden se salía de lo normal. Iba con la linterna y alumbraba al fastidioso y le pedía orden; si la persona insistía, pues iba una segunda vez acompañado de un personal de seguridad y lo sacaban de la sala (aplausos de la gente incluidos).

Pero el concepto de "autoridad" en este país está en crisis desde hace mucho, y esta crisis está validada desde cualquier flanco. La figura de autoridad que solía ser el vigilante de sala ya no existe. Lo cual no quiere decir que no haya "gente encargada de la sala". Ahora son un par de chamos cuyo mayor trabajo es verificar los tickets para entrar y al final recoger la basura y limpiar la sala. Sin contar que a veces es a ellos mismos a quienes hay que pedirles un poco de silencio, pues entran a mitad de función gritándose unos a otros, jurando que en la sala nadie los escucha (pues sí).

Sí bien lo más de lo que nos podemos quejar ahora es de la gente que habla a todo volumen, que recibe y hace llamadas por celular, que va comentando la película como si los demás no la estuvieran viendo, etc. la verdad es que siguen siendo molestos, pero ahora "el cine" no hace gran cosa. Y aunque es muy buena la iniciativa de los videos instruccionales al inicio de la proyección, nadie, nadie le para a Trece ni a Sabrina Salvador. Se me ocurre que la gente le prestaría más atención a alguien de carne y hueso que pusiera orden. No cuesta nada asignar a uno de estos chamos "encargados" por función, con instrucciones muy claras de cuándo y cómo actuar en caso de que algún ocioso le dé por molestar sistemáticamente.

Para eso hace falta educación, primero al propio personal encargado de las salas, luego al público, no solo para que colaboren con el buen comportamiento, sino también para exigir respeto, de buena manera y todo, pero exigir, y si fuera necesario, pues pedir apoyo a esta persona encargada en la sala. Incluso establecería como norma que el encargado le dijera al público antes de comenzar que estará allí en la sala para eso y se pusiera a la orden, y que eso es un derecho que uno adquiere cuando compra la entrada, no es un favor.

Lo cual nos lleva al punto de la falta de (educación para la) gerencia de las salas de cine, que creen que la entrada solo incluye la proyección de la película y la butaca. Pues es más que eso, seguro. Y un buen gerente lo sabe, y debería garantizar esas dinámicas que harían nuestra "experiencia cinematográfica" mucho más grata.

En serio, no es mucho pedir.


2 de marzo de 2010

Nada es fácil...

No estoy inventando el agua tibia con esto. Hacer cualquier trámite en registros y/o notarías, o por lo general en cualquier institución pública, es un dolor de cabeza. Incluso aquellos servicios de solicitudes por internet, que están muy buenas las inicativas, un caché tecnológico, pero como dice un amigo, aquí logran burocratizar hasta un software.

Más que llover sobre mojado con una experiencia, que es la misma que puede tener usted, me gustaría simplemente proponer "un par" de "mejoras" que harían de nuestros trámites, ya no digo más cómodos, sino también más humanos:

1. Locales más adecuados. Creo que la situación es la misma en la mayoría de las ciudades. Los registros y notarías son locales bastante pequeños para la población que atienden. Yonosécuántaspersonas atendiendo al público en una misma oficinita, hasta de pie porque no hay dónde sentarse. Todos haciendo colas que se cruzan y confunden, que se salen del local y se extienden en algunos casos por escaleras y hasta afuera del edificio. En fin. Qué cuesta conseguir UN SOLO EDIFICIO, con espacios amplios para el archivo, para los funcionarios que atienden (que puedan sentarse decentemente), que haya espacio para hacer colas (que es otro punto), y donde estén centralizadas todas las oficinas de notarías. Y cuando digo un edificio, es uno pensado para eso, no repetir el caos con locales comerciales planificados para oficinas particulares, que es lo que tenemos ahora.

2. Digitalizada. Ok, de repente cuesta poner todo lo ya existente y lo viejo en digital (que no imposible), pero si ya tenemos computadoras tengamos un software que automatice los formatos, y que no sea "MS Word". Un software que tenga los formatos automatizados, con código de llenado automático (como cuando uno pone la cédula en el CNE y aparecen todos tus datos), y que guarde el documento en una base de datos fácil de recuperarlos (y repito, no es que lo hicieron en Word y guardaron el archivo, hablo de una base de datos con todas las de la ley). Por ejemplo, con esto dejaríamos de perder tanto tiempo para "renovar" una partida de nacimiento y que ahora es una vulgar fotocopia del libro de actas, para la cual se tardan hasta un mes. Ni decir de las copias certificadas de documentos notariados.

3. En red. ¿Es posible que si yo realizo un documento legal en Puerto Ordaz y luego me mude a San Cristóbal, y necesito una copia certificada, pueda tramitarla desde San Cristóbal? Actualmente no. Si hay una base de datos digitalizada, y estamos hablando de un sistema nacional... no podría estar en red, accesible desde cualquier oficina del país?

4. Precios coherentes. Si bien para trámites de registro el servicio es gratuito, los trámites de notaría son ridículamente desproporcionados. En el primer caso, yo no tendría problema en pagar por un servicio que funcione. En el segundo caso, pagar 80 bsf por una copia con sello humedo que no incluye los timbres fiscales me parece un atraco (sobre todo porque además tienes que esperar tres días para que lo hagan). Uno de los beneficios de la tecnología es la reducción de costos, no solo para la empresa sino también para el cliente o usuario. Sería un sueño acabar con la "habilitación" de 200 y tantos bolívares para que te hagan una copia en un día...

5. Cajas que funcionan como caja. Uno entiende que la viveza criolla y la delincuencia haya presionado a que las cajas de notarías y registros no manejan dinero. Pero una vez más, un proceso que se vuelve contra el usuario, que tiene que hacer tres "viajes" por un mismo documento. Una caja es para manejar dinero. De repente si los trámites arriba enumerados se simplifican y los precios se sinceran la viveza criolla no encontrará lugar.

Lo dejaría hasta aquí por ahora. Son solo algunas ideas. La tecnología nos brinda oportunidades maravillosas para mejorar nuestra calidad de vida, que también se refleja en el modo en que accedemos a servicios públicos como estos. Como comencé, la inclusión de herramientas en línea y procesos digitales para realizar algunos trámites de documentos personales se aplaude, pero definitivamente debemos superar trabas que vienen de nuestra propia cultura burocrática, para que la tecnología cumpla su misión de hacer nuestra vida más humana y no al revés.

10 de noviembre de 2009

Seguridad Fashion (ampliado)

Estoy en el banco haciendo un depósito, y a mi lado llega un señor, en uniforme, con una gorra de la empresa, con un fajo de billetes en la mano y se pone a llenar su planilla. En seguida llega el vigilante: "Señor, se tiene que quitar la gorra"... Este señor se quita la gorra y murmura "si inventan mariqueras en este banco". A la salida pensaba preguntarle al vigilante o a la gerente el porqué de esa medida. Pero justo antes de hablar con cualquiera de los dos vi una gran calcomanía que señala las prohibiciones: No se puede hablar por celular, no se puede entrar comiendo y la última: Prohibido entrar con lentes oscuros y gorra.

Imagino que es que los choros que tienen azotados a los bancos entran todos en gorra y lentes oscuros ¿? Lo cual hace que tales accesorios sean de alta peligrosidad o se conviertan en "elementos universales" que denoten que solo quien va a robar el banco usaría lentes negros y una gorra. Es curioso esto, porque quienes van a robar un banco generalmente también usas pistolas... pero no ví ninguna calcomanía que las prohibiera dentro del banco. Definitivamente, la gorra es mucho más peligrosa... Imagínense unos choros entrando a robar el banco con gorra, alzando las pistolas prometiendo tiros y el diligente vigilante: "señores por favor, quítense las gorras, está prohibido!", el ladrón apuntándole le grita "quédate quieto tipo que te descargo la pistola aquí mismo", e insiste el vigilante "tranquilo por la pistola, pero la gorra se la tienen que quitar..."

El asunto, además del tufillo clasistoide y estereotipado, es una de esas medidas contra la inseguridad que no funcionan porque en principio NO ESTÁN ATACANDO EL PROBLEMA, sino el imaginario alrededor del problema. El problema es que los que roban pasan con armas de fuego. Eso es lo que hay que evitar. Inviertan en entradas que controlen ingreso de metales. No es una tecnología inaccesible. Sin ir muy lejos, el Banco Provincial de Higuerote lo tiene (o por lo menos funcionaba la última vez que fui): es una cabina de dos puertas, entras por una y se cierra, si tienes un objeto de metal encima la cabina lo detecta y la segunda puerta no se abre. Por ejemplo, no digo que sea un sistema infalible, pero seguramente reduce más las posibilidades que una prohibición para usar gorras dentro del banco.

Ni decir, como escribían en twiter, de lo absurdo que en un país tropical y con un calor de perros como este hayan normas de etiqueta para entrar a un banco a hacer operaciones con "nuestro" dinero. Es decir, sí estoy de acuerdo con mejorar las normas de seguridad, pero al igual que en la inseguridad del país, abogaría por claridad en qué es lo que se combate, y a quién es al que se protege. Se protege el dinero y la seguridad física de los clientes de personas que entran armados. El "fashion" lo pueden dejar para las revistas y anuncios de empleo, donde de repente comenzaremos a ver que "se solicitan malandros robabancos con moto propia y buena presencia: mandar foto sin gorra".

AMPLIACIÓN: Una amiga en Facebook me explica que ciertamente lo de la gorra es por el asunto de la identificación en las cámaras de seguridad. Y está bien, es una medida que puedo comprender y que soluciona exclusivamente lo de la identificación. Sin embargo, igualmente creo que el problema a resolver está antes, está en el acceso al banco con armas de fuego, usen o no usen gorras. Habría que caminar hacia allá.

21 de julio de 2009

Cuando no sabemos si la ficción supera la realidad (o al revés)

El otro día fui al cine con mi esposa y mis sobrinas a ver Hotel Para Perros. El asunto es que comienzan los trailers y no se escucha nada. Todos en la sala esperamos hasta que vino el segundo corte y seguía sin escucharse sonido alguno. Se me ocurre salir a avisarle a algún empleado del cine que hay una falla en la proyección y el muchacho me dice, sin pensarlo mucho, que “no me preocupara, que era normal que no hubiera sonido al inicio de los cortes, porque eso era una prueba que se hacía, y que en unos minutos comenzaría a sonar, que regresara a la sala tranquilo”. Como si yo no hubiera ido al cine nunca. Y aunque fuera la primera vez, este muchacho simplemente decidió que su flojera era más importante que el derecho de todos los que en la sala queríamos ver –y escuchar, ente caso- nuestra película, con trailers y todo.

Y es que muchas veces tenemos la oportunidad de que el cine no solo nos entretenga un rato con historias que son “de mentira”, y aunque algunas estén basadas en hechos reales, psicológicamente ponemos una barrera entre lo que le pasa a esos personajes y nuestras realidades. Es decir, lo que pasa en la pantalla, no nos pasa a nosotros. Pero muchas veces, más allá del entretenimiento, el cine nos da el chance de darnos una cachetada de realidad. Como en este caso.

Era inevitable sentirse como Angelina Jolie en “El Sustituto”, la película de Clint Eastwood sobre una madre que pierde a su hijo y la policía le devuelve otro niño y quiere hacerle creer a la madre que se trata del suyo. No importa cuánto trató la madre de explicarles a la policía, al médico, al psiquiatra que ese no era su hijo, cosa que además era facilísimo de demostrar –más allá, incluso, de la palabra de la madre-. Y este es un caso de la vida real, ocurrido en los Estados Unidos de los años 30’s, aunque la situación extrema es tan difícil de creer, tanto así como el chamo del cine que en vez de ir a avisar a la sala que la proyección fallaba, pensó que era más fácil convencerme de que si la película “no sonaba” pues era lo más normal.

“El Sustituto” de Eastwood, aparte de la protagonización de Angelina Jolie con su nominación al Oscar, y el acompañamiento del siempre impecable John Malkovich, es más que una recreación de un hecho terrible de asesinatos y corrupción policial, es una de esas películas que nos ponen a pensar en el país que tenemos hoy día. Un país en el que “la autoridad” no tiene mucha capacidad de respuesta. Y ojo, que puse el ejemplo de la proyección para que no piensen que me refiero a las “autoridades de gobierno”. Entendamos “autoridad” como cualquier persona que tenga la posibilidad y el deber de darnos respuestas. Igual que en el cine, puede suceder si usted reporta una falla de línea telefónica el técnico podrá insistir que la falla es de su aparato y no de la línea, así haya probado usted con otros teléfonos; si usted mete el carro al taller para que le cambien el parachoques y el carro sale con la bomba de gasolina dañada, el mecánico hará lo imposible para convencerle que ya esa falla la tenía, así la verdad sea que le estafaron. Por supuesto, es imposible dejar de lado las afirmaciones ministeriales aquellas de que “no hay escasez, es que la gente tiene más poder adquisitivo y agota los inventarios”.

Sin embargo, algo que me encantó en “El Sustituto” fue no solo el tesón de la madre por desafiar las instituciones que fuera necesario y siempre por las vías regulares, so pena de las más brutales represalias y vejaciones, y sin flaquear, sin pensar nunca que “eso no se va a resolver”. Y para eso hay algo indispensable: la solidaridad. Pero no la solidaridad pasiva de la compasión. Hablo de la solidaridad activa. La maestra de la escuela, el pastor de la iglesia, el locutor de la radio, hasta la “loca” del manicomio que es capaz de someterse al castigo del electroshock para defender los derechos de una desconocida, que no es “su problema”, pero lo hace suyo. Incluso el policía –curiosamente latino, en la película- que desafía a sus superiores cuando “huele” que algo está mal en la investigación –mejor tarde que nunca-.

Pensaba yo, cuando haciendo colas “madrugoneras” en la Inspectoría de Tránsito, el fiscal de turno decide poner arbitrariamente un “requisito nuevo” para tramitar algún documento, y uno protesta, otros que están en tu misma situación se quedan callados porque “puede ser que a ellos no los reboten”. Y los rebotan.

Lo bueno es que no todo está perdido. A pesar de mi cuasi apocalíptica introducción, “El Sustituto” también nos plantea esperanza, como el mismo personaje de Jolie lo dice cuando descubren a un niño sobreviviente de los asesinatos: “este niño me ha dado algo que antes no tenía, esperanza”. En la justicia, en que vale la pena insistir, en que vale la pena tener claro lo que queremos (podríamos decir como ejemplo, el tipo de respuestas que queremos de nuestras autoridades). En que resolver “mi problema” puede convertirse en un precedente para que otros no pasen por lo mismo que yo. Incluso puede ser que la solución de “mi problema” pase por resolver los primero los problemas de otros (como las reclusas del manicomio, que es una de las secuencias más dicientes de la película, a mi juicio).

Aunque esta sea una película que ya no está en las carteleras, bien vale la pena revisar, en cualquier rincón de alquiler, y no solo verla más de una vez, sino comentarla, con los amigos, con nuestros hijos, a ver cómo nos reflejamos en la terrible pero esperanzadora historia de Christine Collins y la Policía que le devolvió un hijo que no era el de ella.


14 de noviembre de 2008

Si pudiera guardar la plata debajo del colchón

Ayer estaba en la cola del banco Caroní, y las tres personas que estaban justo detrás de mí conversaban sobre lo malo que era, el otro decía que gracias a Dios su cuenta de nómina la habían mudado al Venezuela, pero enseguida la otra repicó que ese no era mucho mejor, que ella tenía su cuenta en el Mercantil, y así seguían refutando, a la final que ningún banco era bueno del todo.

¿Qué es lo que hace que un banco sea bueno? Digo, más allá de indicadores de la banca, que si este banco es más estable que el otro, que si aquí, que si allá, porque creo que la mayoría de nosotros no maneja cabalmente esos datos; la mayoría manejamos datos de conversas con terceros y tal. Me refiero a la experiencia del usuario del banco. ¿El tiempo promedio que permanecemos haciendo una transacción? ¿Que siempre haya cajeros en todas las taquillas? ¿Que obtengas beneficios extra por las transacciones que hagas o cuentas que manejes? ¿Que sus cheques sean recibidos en todas partes?

Particularmente a mí me gusta un banco que haga un esfuerzo por hacernos la vida más fácil. Que todas sus taquillas tengan cajeros atendiendo para que la cola avance más rápido. También la atención al público, que te traten con respeto y no como si nos estuvieran haciendo un favor. Que todos sus empleados sepan cuáles son los procesos y que las indicaciones no cambien según cambie la persona que te atienda. Y últimamente, me gusta la tendencia a eliminar tanta llenadera de planilla. Pero creo, según la experiencia, que esto no depende "del banco" sino que varía de agencia en agencia -y de tiempo en tiempo. Eso es lo que me parece a mí, particularmente.

¿Será que pudieramos hacer aquí una lista de lo que eesperas de un banco para decir que sea bueno? Incluso, si crees que tienes uno que reuna esas características, me gustaría saber cuál es, a ver si no estamos tan perdidos ;-)

22 de septiembre de 2008

Gerencia participativa

Esto me lo encontré en una bomba de gasolina, y me causó mucha gracia. Creo que no hay que explicarlo mucho.

2 de septiembre de 2008

Algo pa'l refresco...

Sí, sé que me van a decir miserable. Créanme, que no es la intención. Mi rollo es más idiosincrático que económico. Pero qué mala costumbre la del venezolano, que para todo hay que dar propina. Es decir, cuando se trata de alguien que recibe un pago fijo por su trabajo, y que ese pago supone que lo que hace, lo hace bien. Por ejemplo, hay restaurantes que no incluyen en sus facturas el 10% de servicio. Vale, en ese caso uno da propina, pues uno entiende que los pagos salen de ahí. Y bueno, en los restaurantes es algo culturalmente asumido. O en el caso de esos "servicios ambulantes" como el que te cuida el carro (bueno, eso merece otra entrada porque hay casos...) y ningún local o negocio le está pagando por estar allí.

Me refiero a que un o va a un sitio a que le den un servicio,, un trabajo, que tiene tasado su valor, y uno lo paga... y el personal contratado te resalta el hecho de que lo hizo bien como si fuera un extra, algo que no debes esperar. Hace un par de años hicimos un paseo turístico con unos amigos, pagamos lo que valía el paseo, que no era poco, y al terminar, así de frente nos pidieron que si queríamos dejar algo extra por el buen servicio... jajaja ¿se imaginan? Lo que pagamos no incluía el buen servicio, era un adicional... ¡¡¡Una empresa turística!!!

Y lo más cumbre es que la propina debe ser grande. Te piden "algo ahí pa'l refresco" pero no quieren sencillo, quieren de 20 mil y más. Ayer fui a cambiar los cauchos, y gasté 2 millones y medio de bolívares, y por un madarriazo que le dieron a uno de los rines (está bien, fueron dos los mandarriazos) el cauchero quería que le diera "por lo menos" 20 mil "pa'l fresco"... no sé dónde compran el fresco esta gente.

¿Qué hay detrás de tanta actitud mendinguera? ¿por qué la pedidera todo el tiempo? Creo que no es solo un asunto de trabajos mal pagados y de crisis económicas. Porque sacando cuentas, te encuentras con gente que a punta de propinas termina ganando más que uno, y a uno nadie le da propina por nuestro trabajo bien hecho. Al contrario, a uno lo que le queda es contemplar en el presupuesto un fondo para "el sueldo" ajeno... o como dicen: cachicamo trabajando "pa'l fresco" de la lapa...

5 de junio de 2008

¿Y mis compotas quién me las guarda?

Yo sé que mucha gente tiene la mala maña de llevarse las cosas de las tiendas. Sí, diríamos "robar" porque eso es lo que es. No son ladrones de mano armada, pero roban pues. Eso ha forzado a muchisimas tiendas a reforzar sus sistemas de seguridad y vigilancia. Eso lo entiendo. Lo que no entiendo ni acepto es la especie de que uno no pueda entrar a ciertas tiendas sin que te caigan encima con eso de que "no puede pasar con esa bolsa, tiene que dejarla en la caja", como si entrar a una tienda con una bolsa fuera indicio inequívoco de que "te vas a llevar algo encaletado". Casi es más peligroso que entrar con una pistola.

Es decir, lo entiendo ciertamente en ¿supermercados? ¿farmacias grandes con estanterías de autoservicio? Y los pongo entre interrogaciones porque en una sociedad que se comporte bien ni siquiera en esos sitios haría falta la desconfianza (porque a eso voy, a la desconfianza). Lamentablemente, los venezolanos no s hemos convertido en la mayor expresión de la mala fe en cuanto a atención al cliente se refiere. Esto tendría muchas aplicaciones, pero me voy a referir al asunto de las bolsas.

Yo entro a una librería con una bolsa de supermercado azul traslúcida en la cual llevo 5 compotas que recién compré en el supermercado. Estoy revisando los libros de la sección de comunicación, cuando a los 10 minutos llega casi corriendo una muchacha de la tienda extendiéndome en sus manos un cartoncito plastificado, y diciéndome "señor, no puede pasar con esa bolsa, démela para guardarla en la caja" Yo le digo que no hay problema, que entonces regresaré en otro momento cuando no tenga bolsa. La muchacha, eso sí con voz muy suave me insiste "pero no hay problema, la puede dejar en caja", entonces no pude evitar responderle muy suave pero creo que muy claro que "no, claro que había problema, porque si ella asumía que yo podía llevarme un libro que está protegido en esa bolsa transparente además, pues yo tenía el mismo derecho a asumir que cualquiera de ellos podía quedarse con alguna de mis compotas". Muy sonriente, salí de la librería.

Claro, la chama está solo cumpliendo las órdenes y normas que el dueño del local impone para protegerse. Eso lo entiendo. Pero no puedo dejar de sentir que es hasta cierto punto un mal trato a tu cliente decirle de entrada "estoy asumiendo que vienes a robarme, así que..." y que la mayoría de nosotros lo aceptamos sin caer en cuenta de la sutileza del asunto.

Vale, que todavía peor me parece que como sociedad nos hayamos permitido generar tales niveles de desconfianza y mala fe. Porque no puedo meter la mano en fuego por todos...

29 de marzo de 2008

Deseos son órdenes (aunque no "empreñen")

El profesor Francesco Pellegrino nos invitó una vez a un experimento "socio-cultural": él tenía su lìnea telefónica dañada y la CANTV -en ese tiempo recién privatizada- no respondía su reclamo. Así que nos pidió que llamáramos todos para reportar su número, a ver si la presión por cuantía resultaba. Pero además, el reto era lograr hablar con la operadora por más de un minuto (ojo, la cuestión era poder comunicarnos y entablar una conversación "no-mecánica").

Luego de unois años, esa misma técnica me resultó a mí con una firma de abogados que confundió mi número y no quisieron creer que yo no era ni conocía a "Henry Aguilar". Lo cual desencadenó una jornada de acoso que fue creciendo con los días llegando a recibir hasta 8 llamadas al día amenazándome con juicios, embargos y cárcel -además del stress propio del acoso-. La técnica del profesor Pellegrino funcionó para mí. Le pedí a todos mis amigos y contactos de correo que devolviéramos el acoso al bufete. No recibieron menos de 100 llamadas (unas menos educadas que otras, gracias gente!) en dos días exigiendo que me dejaran en paz. No llamaron más.

Mi amigo Shauki propuso en otro blog hace algunos días un plan parecido. Bueno, más sutil también, pero un experimento "socio-cultural" digno de llevarse a cabo: qué tal si cada vez que fueramos a comer a un sitio de comida rápida y el cajero mal encarado o aburrido, o con desgano nos pregunte "¿Me puede decir su orden?", nosotros respondamos, pero con toda la seriedad y educación del caso: "TE ORDENO QUE SONRÍAS". Tan sencillo. A ver cómo reaccionan. Y sobre todo llevar un registro de cuántos cumplen la orden. ¿Quién se anota?

11 de febrero de 2008

Intimidades innecesarias

Es en serio. ¿qué necesidad tenemos de enterarnos con quién salió el cajero del banco anoche?, o ¿qué rollo tiene la vecina de la que atiende un local de ropa con su hija?, o ¿si el supervisor se la tiene agarrada con el que hace las hamburguesas?, o ¿o si la que pesa las verduras tiene la menstruación? En serio, de verdad que no...

15 de enero de 2008

Buen provecho

Ayer fuimos a almorzar, con mucha hambre además, a la Pizzería Tony. Las pizzas son muy sabrosas, en general el resto de la comida también. Es uno de esos restaurantes de familia tradicionales; comenzaron como una fuente de soda en Ciudad Bolívar hace aaaños (¿más de 25, que yo recuerde?), y que por el ojo del dueño, la calidad de la comida se ha mantenido. Y no sé cómo, pero esa calidad se ha mantenido en la distancia desde que abrieron la sucursal en el C.C. Orinokia de Puerto Ordaz.

El asunto son los mesoneros. Tardan en llegar a tu mesa para tomar el pedido, en dos oportunidades "se les ha olvidado" pasarlo, siempre está de espaldas y cuesta para que volteen y hacerles seña para pedir o pedir la cuenta, tienen caras de c*%$ permanentemente (todos), y además groseros. Esto es algo recurrente las últimas veces que he ido. Ayer, se lucieron:

1. La pizza que pedimos viene en camino, y el mesonero que la trae "la tira" a un lado de la mesa, porque ni se detuvo para ponerla, así, en pleno andar la dejó donde cayó y siguió de largo. La mesa no tenía ni cubiertos ni nada... a esperar que otro viniera y pedirle cubiertos y bebidas.

2. Con todas las mesas ocupadas, había solo dos mesoneros a la vista, sin hacer nada parados de espalda en el puesto de mesoneros. Unas señoras mayores en la mesa de al lado tenían rato intentando pedir. Finalmente uno de ellos se voltea y al ver la seña de las señoras les responde desde su sitio, no solo moviendo el brazo en señal de "no", sino acompañado con una cara de desprecio cuya traducción podría ser "'TAS LOCA, NI DE VAINA, YO? ESO NO ES CONMIGO!". Las señoras se quedaron con la mano en el aire, sin gracia.

3. En otra mesa había un brasilero con su esposa y dos hijos. Al parecer tenían mucho, pero mucho rato esperando ser atendidos sin éxito. Al parecer paró desesperado a un mesonero para preguntarle ¿por qué no lo atendían? parece que el mesonero le contestó mal, y ahí se armó la "sanpablera". Yo que para ese momento estaba pagando en caja recibo el comentario de la muchacha que me atiende, "estaba esperando que eso pasara de una vez". Yo, le digo "es una lástima, pero de verdad que ustedes tienen unos mesoneros muy maleducados". "Es verdad -responde-, pero es que tambien son gente, si usted atiende a una persona y ésta no lo trata bien, para la próxima el mesonero lo va a tratar mal, o no lo va a querer atender"... O sea, uno va al restaurant a "tratar bien" al mesonero...

Vamos, le voy a dar el punto a la chica de que ciertamente, hay gente de gente, y hay unas cuantas personas que bien podrían prohibírseles la entrada a cualquier local comercial. Sin embargo, y lamentablemente, ese es el trabajo de un mesonero: hacer que el cliente disfrute su comida. No me está haciendo un favor al traerme el plato de comida; ese es SU trabajo, para eso le pagan, para eso LE pagamos. Y si no está preparado para tratar con cualquier clase de cliente, como parece que es el caso de estos mesoneros de Tony, pues tiene que pensárselo bien y buscar otro trabajo. Así de simple.

La pregunta es, ¿qué podemos hacer nosotros, como clientes, para que estos servicios mejoren? ¿O tenemos que ir reduciendo nuestra lista de sitios para comer fuera?

13 de enero de 2008

¿Para qué hacerlo fácil?

Nada más venezolano que la frase con que titulo esta entrada. Con esto del Bolivar Fuerte están como locos. Yo voy al banco a hacer un depósito y tengo en el paquete billetes viejos y billetes nuevos... ¿entonces tengo que hacer dos depósitos? ¿Qué gafedad es esa?

Que yo sepa, todos los billetes ahora se expresan en bolívares fuertes, ¿no? Es decir un billete de 10.000 vale 10. Entonces, si hago un depósito con un billete viejo de 50.000 y uno nuevo de 20... ¿no son 70 Bolívares Fuertes?

No entiendo. O son los cajeros de banco los que no entienden. O es la directiva de los bancos. No he leido nada que lo explique, solo que así es. Yo trato de ponerme en la mente del banquero: como están "conviviendo", pero el billete nuevo saldrá de circulación, los necesito separados para que después el Banco Central me reponga la cantidad con denominaciones nuevas. Vale, tiene sentido... pero ese proceso lo puede hacer perfectamente el banco posteriormente. Perdón corrijo: ese proceso ES del banco, y no del cliente. Incluso al momento de recibir el depósito, el cajero separa los billetes nuevos de los viejos. Pero no. Si lo podemos complicar, pues mejor, no vaya a resultarle fácil a los demás.

Bueno, dirán ustedes, ¿cuál es el problema? Llena tus dos planillas y listo! Sí lo haré porque no me queda otra... Porque aceptamos todo los que nos imponen como norma, porque aceptamos cualquier maltrato (sí, señores, esto es maltrato al cliente). Así como aceptamos que nos redondeen, así como aceptamos que nos den vuelto de caramelitos, así como aceptamos que no nos den vuelto cuando pagamos con cesta-tickets, así como aceptamos que los de atención telefónica telefónica nunca sepan nada y pa' más ñapa te insinúen que la culpa es tuya, así como aceptamos pasar 3 horas en una cola, porque hay 6 taquillas pero un solo cajero trabajando.

La pregunta es, ¿hasta cuándo?

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