3 de octubre de 2009

El ciego que da palos, y el que le da el garrote.

El próximo 10 de octubre la vinotinto jugará en el CTE contra Paraguay por la clasificación al Mudial de Fútbol. Las entradas se agotaron hace una semana, más o menos. Pero sorprendentemente todavía se consiguen entradas. Bueno, ni tan sorprendente. Es la reventa. El problema de la reventa es que una entrada que te costaría normalmente y por derecho, 50 Bsf, ahora te costará entre 150 y 200 Bsf. Ni contar entonces las VIP que rondan los 700 Bsf. Quisiera recalcar las palabras "por derecho", porque 50 Bsf es el precio que marca la entrada y el que la organización del evento determinó que sería el valor de la entrada.

La culpa es del gobierno (quien organiza estos eventos deportivos) que permite que una sola persona compre 50, 100 entradas sin control (aun cuando existe una normativa que regula el número de entradas por persona), y luego las revenda al triple o más, haciendo "su agosto" con uno. Hay quien incluso tiene nombres y apellidos de gente ligada al gobierno local que controla esta "oportunidad de negocio". Eso es un abuso a nuestro derecho. Y eso es corrupción.

Para mí el problema más grave es el mercado. Porque no creo que se queden frías esas reventas. Porque "hay que ir al juego a apoyar la Vinotinto". No importa lo que tengamos que pagar. No importa si me están estafando. ¡AL DEPORTE NACIONAL HAY QUE APOYARLO! Quejarnos de lo otro es terapia, ya veremos la próxima vez que vuelvan a hacerlo... y volvamos a financiar la corrupción de la que todos los días nos quejamos.

El asunto de la corrupción es que solo parece grave si es para beneficiar a los políticos. Si somos nosotros, y nos sirve para darnos gusto, pues, ya no es tan grave. Porque no solamente es corrupción cuando se vuelan nuestros impuestos. También cuando pagamos voluntariamente por una entrada de reventa. Estamos pagándole de primera mano a un corrupto para que atropelle nuestro derecho a una entrada de 50 Bsf. Estamos validando con nuestra plata el estilo de vida de uno de esos corruptos que todos los días criticamos. Y lo hacemos con dinero de nuestro presupuesto personal y familiar, que nos ganamos trabajando honestamente, y que según las estadísticas nacionales no nos está sobrando. Y esto, mis amigos, no es culpa de ningún gobierno. Es nuestra culpa.

¿Cómo arreglar eso? Podría ser muy fácil: no comprando entradas de reventa (¿Te volviste loco Wilfrido?). Es tan sencillo como estar claros si nos gusta que nos atropellen. A ver de qué lado estamos: del lado de los que nos atropellan o de nuestro propio lado. Es estar claros en qué es más importante: un juego de la vinotinto o el país de todos los días, el que queremos. Si a usted le gusta que lo estafen y financiar voluntariamente a los corruptos de su país, pues haga caso omiso de este escrito, vaya y compre su entrada y buena suerte. Pero después no se queje del gobierno, de la corrupción que usted mismo financia.

Si es anota a lo contrario, pues aquí le tengo un motivo: Que pierdan bastante plata los revendedores. Que no les sea negocio el acaparamiento. Que se jodan.

La corrupción no la va a acabar el gobierno, ni sus instituciones, llenas de gente corrupta. El trabajo tiene que venir desde nosotros y de esas pequeñas decisiones de todos los días, con las que evitamos que nos den con el garrote que toman de nuestras propias manos. Y un país de justicia y sin corrupción, bien vale ver un par de juegos en la televisión... que no es lo mismo, pero es más honesto.

4 de septiembre de 2009

#NoMasChavez o #NoMasQuién?

Brazil es una película genial de Terry Guilliam, en la cual un empleado público se ve entrampado en toda la maquinaria burocrática e ineficiente de las instituciones gubernamentales. Curiosamente se da cuenta de eso mientras se enamora. Pero el punto es que a ratos sueña con la mujer deseada y que ésta es prisionera de toda esa cosa terrible que es el sistema. En sus sueños, este empleado público (que interpeta Jonathan Pryce) es un ser alado, con armaduras brillantes, una gran espada, y hasta cabello largo -cuando en la realidad de la película, es más bien pelón-.

Entonces, para rescatar a su amada se lanza una pelea contra un gran monstruo estilo samurai, de más de 3 metros de alto, grueso, con lanzas descomunales, que brama como las bestias más fieras, y que está decidido no solo a mantener cautiva a esta mujer soñada, que es la esperanza y el anhelo del personaje de Pryce, la felicidad. Sino que además está dispuesto a acabar con Pryce, aplastarlo como una hormiga, porque en la realidad, quien desafíe un sistema que no funciona por ninguna parte pues, es el enemigo.

Pero aquí viene lo bueno de cuando contra todo pronóstico Pryce vence a la gran bestia, después de haber perdido sus alas, su espada, haciéndose de una lanza casi "incargable" del enemigo. La bestia en el piso, Pryce se acerca para develar su rotro cubierto por la máscara samurai, y.. sorpresa, la cara de la bestia es la misma de Pryce! Acorde dramático, Pryce vuelve a la realidad de su oficina inoperante.

Porque a veces parece que el enemigo es otro. El vecino de la junta de condominio, el dueño de la empresa, los cuerpos policiales, el funcionario de la alcaldía, el gobernador, el presidente de tal institución pública, Chávez. Y no es que no tengan responsabilidad, grandísima, claro, y hay que hacer contraloría y exigir eficiencia y honestidad y mejor calidad de vida, todo eso. Sí. Pero también ver que en el burro estamos montados todos juntos. Y que si la gente que llega al poder hace los desmanes que hacen, es porque antes de llegar ya lo hacían -y eran personas como nostros que de repente solo se comían la luz de los semáforos, se meaba en las aceras, maltrataba a sus empleados, le montaba cacho a su mujer, se llevaba cosas de la oficina para su casa "prestadas" que no devolvía más nunca, le pagaba algo pa'l fresco a gente que le resolvía diligencias fuera de los caminos regulares, botaban bolsas de basura en las calles a través de las ventanas del carro, si alguien los contravenía pues lo resolvían a golpes, pedían prestado y después se escondían para no pagar sus deudas, metían facturas médicas falsas hechas por un médico amigo para sacarle plata al seguro, se adelantaban al primer puesto en la taquilla del banco y que para preguntar algo y ¡zuás!, chocaban y le pagaban algo al fiscal para alterar el reporte para que el otro tuviera la culpa, que acomodaba los reguladores para que la cuenta de luz le viniera bajita, que prometía cosas a sus clientes para engancharlos y después no les cumplía y hasta les decía que nunca les prometió nada de eso, que botaba a un empleado por X razones y buscaba a un abogado para ver cómo le podía pagar menos de lo que le correspondía por ley, que jamás fueron a una reunión de junta de condominio, que entraban tarde al trabajo y además se tomaban media hora para desayunar y hablar paja con los compañeros un rato, y luego salían media hora antes "porque mi hora de almuerzo es sagrada a las 12 en punto!", (ponga usted las siguientes): _____________________________________.

Mi punto es, un desastre de país no es responsabilidad única y excluyente de una sola persona. Cuando pienso si manifestarme en el NoMasChávez, porque ciertamente no comparto sus políticas y actitudes divisorias, su manifiesto desdén por todos los que no digamos "patria, socialismo o muerte" aupando todo lo que haga, su excesiva luz para afuera y su selectiva (pero amplia) oscuridad para los que aquí estamos, digo, está bien manifestarse, hay derecho pues.

Inmediatamente pienso, ajá, y si después de hoy No-tuviéramos-MásChávez qué? Todos seremos buenos ciudadanos, y el próximo gobernante sería el mejor de todos y todo sería felicidad, los chavistas dejarían de ser chavistas y nos uniríamos todos sin rencores y olvidaríamos que todo esto sucedió? No, porque seguramente cualquier otro de nosotros llegará arriba y seríamos todos iguales.

Por eso el NoMasChávez, para mí, lo transformo en NoMasNosotrosComoPaís. Creo firmemente, que esta Venezuela no la cambia un presidente, ni un gobierno, ni la más lúcida Asamblea Nacional, la cambiamos nosotros. Pero cambiar de verdad, no solo de discurso para decir que los que piensan distinto son los malos y nosotros los patriotas.

Cuando cambiemos nosotros, genuinamente, y pensemos en el país que queremos pero no en el mapa, o en las instituciones, sino en el tipo de gente que queremos a nuestro alrededor, y comparemos cómo estamos usted y yo en ese modelo y cuánto tenemos que cambiar para llegar a ser "la gente que queremos" encontrarnos en las calles, tiendas, instituciones y gobiernos de esta tierra que hasta ahora ocupamos, pues ese día no necesitaremos decir NoMasChávez.

Como la mujer soñada de Jonathan Pryce, ese es el país con el que sueño. Yo no marcharé hoy por el NoMasChávez, tengo una lucha pendiente conmigo mismo.

#NoMásYo.

He dicho.

25 de julio de 2009

Puede ser que esto no le guste a mucha gente. #freemediave

Nada que no sepamos. Este es el país de la chapuza. Y la chapuza, como Frankenstein, tarde o temprano se vuelve contra su creador, chapuza incluida. Se me ocurre que el tema de los cierres de medios es un claro ejemplo, del que lamentablemente, parece que no nos vamos a escapar, porque nos guste o no, con la chapuza con la que hemos construido buena parte de nuestra industria radiofónica, pusimos la bandeja de plata.

Para quienes tenemos algún tiempo en la radio -y no es necesario tener mucho- sabemos cómo "se hacen" muchas radios fuera de los pasos reglamentarios: se invaden frecuencias libres u ocisosas, se piden habilitaciones para un tipo de servicio (póngase un servicio de hilo musical privado) y luego lo cambiamos (a una radio de señal abierta) sin actualizar permisologías, pedimos permisos para una radio de 1kw de potencia y le montamos un transmisor de 10kw (con la molestia que eso causa a frecuencias vecinas), se gestionan frecuencias como radio comunitaria -que al parecer fue o es más fácil- y después funcionan como una radio comercial cualquiera, se monta la radio en un lugar tal y un par de años se mudan a otro sitio sin estudios técnicos ni permisos, el caso de las sucesiones de propietarios por muerte o renuncia del titular (que es uno de los puntos álgidos, pero que está claro que las frecuencias son instransferibles e inhereditables), emisoras que se escuchan en todo el territorio de un estado a punta de retransmisores (cosa que está prohibida para las radios, y que curiosamente el único caso que conozco es una emisora oficial como La Voz de Guayana, que pertenece a la C.V.G.). En fin, seguro que se me quedan por fuera otras chapuzas técnicas y legales comunes. No digo que todas y cada una de las radios incurre en alguna de estas fallas, pero sí, hay muchas, muchísimas de las "novecientasypico". Porque así somos en Venezuela. Nos gusta hacer las cosas saltándonos las talanqueras, usando caminos verdes, haciendo las cosas no como deben hacerse aunque sea más largo el proceso, sino chapuceando, para que la cosa salga ya.

Si este no fuera el gobierno que es, las razones por la cuales alegan el retiro de las concesiones y/o habilitaciones a las 34 primeras emisoras de radio (y faltan), pues parecerían razonables: Como cualquier contrato, algunas de cuyas cláusulas es incumplida por una de las partes: si tenemos un contrato de trabajo que se venció el mes pasado, puede que nosotros queramos seguir trabajando y de hecho lo hagamos, pero a todas luces parecería una locura que la empresa nos siga pagando. Suena lógico, ¿verdad? Vale, no es lo mismo una empresa que el espectro radieléctrico. La empresa es de propiedad privada y no es de más nadie sino de sus dueños, y el espectro radieléctrico es de la humanidad (y no de los gobiernos) administrada por los Estados (nuevamente, no por los gobiernos). Posiciones filosóficas aparte, son procedimientos que están estipulados en la Ley de Telecomunicación.

El asunto es que este es... el gobierno que es. Un gobierno que desde hace aaaños viene cazando una guerrita con los medios de comunicación (con o sin razón, esté usted de acuerdo o no). Un gobierno que en vez de promover una vía para ponerse al día, me agarro de la pata coja y ¡zuaz! agarra ese trompo en la uña: te quito la frecuencia y todo lo que había en ella (me refiero a la programación, y todos los años de trabajo y conexión con la gente que la escucha que en algunos casos superan los 30 años), y sin derecho a pataleo. Y ojo, para quienes puedan leer desde un afecto político cercano al gobierno, esa "vía para ponerse al día" no era el "censo", que si bien era necesario para saber quiénes somos en la radio y en qué situación estamos ante Conatel, no es una herramienta ni legal ni sancionatoria en ninguna de las leyes que rigen las telecomunicaciones ni el ejercicio mediático. Pónganse que si usted no participa en el Censo del INE, no le quitan ni sus documentos ni sus derechos ciudadanos. Aplica igual. Si una radio no participó en el censo por X o Y, Conatel ciertamente debería averiguar qué pasa o qué pasó allí. Eso es válido. Lo triste es que, por la chapuza de origen el gobierno se aproveche para volarse voces que le son incómodas y les dé el argumento de la "legalidad" de sus acciones.

Creo que hay que luchar por la libertad de comunicación y la diversidad de ideas, por la verdadera democratización del espectro (que no está en quitarle frecuencias a los que ya la tienen) sino en brindar plataformas para que más gente pueda acceder al mismo (adelantar la adecuación tecnológica para la radio digital por un lado, por ejemplo) Pero también, sincerar los procedimientos de adjudicaciones por parte de las autoridades administradoras del espectro al margen de lo que ya establece la ley. Porque la falta de infraestructura para responder y velar por esos procedimientos de parte de Conatel, y el vivismo propio y encantador del venezolano son como los mochos que se juntan pa' rascarse. Hay que luchar para evitar la increíble tentación de acudir a la chapuza como proceso. Una chapuza que como dije al principio, tarde o temprano, nos guste o no, en el contexto que sea, se vuelve contra nosotros mismos.


21 de julio de 2009

Cuando no sabemos si la ficción supera la realidad (o al revés)

El otro día fui al cine con mi esposa y mis sobrinas a ver Hotel Para Perros. El asunto es que comienzan los trailers y no se escucha nada. Todos en la sala esperamos hasta que vino el segundo corte y seguía sin escucharse sonido alguno. Se me ocurre salir a avisarle a algún empleado del cine que hay una falla en la proyección y el muchacho me dice, sin pensarlo mucho, que “no me preocupara, que era normal que no hubiera sonido al inicio de los cortes, porque eso era una prueba que se hacía, y que en unos minutos comenzaría a sonar, que regresara a la sala tranquilo”. Como si yo no hubiera ido al cine nunca. Y aunque fuera la primera vez, este muchacho simplemente decidió que su flojera era más importante que el derecho de todos los que en la sala queríamos ver –y escuchar, ente caso- nuestra película, con trailers y todo.

Y es que muchas veces tenemos la oportunidad de que el cine no solo nos entretenga un rato con historias que son “de mentira”, y aunque algunas estén basadas en hechos reales, psicológicamente ponemos una barrera entre lo que le pasa a esos personajes y nuestras realidades. Es decir, lo que pasa en la pantalla, no nos pasa a nosotros. Pero muchas veces, más allá del entretenimiento, el cine nos da el chance de darnos una cachetada de realidad. Como en este caso.

Era inevitable sentirse como Angelina Jolie en “El Sustituto”, la película de Clint Eastwood sobre una madre que pierde a su hijo y la policía le devuelve otro niño y quiere hacerle creer a la madre que se trata del suyo. No importa cuánto trató la madre de explicarles a la policía, al médico, al psiquiatra que ese no era su hijo, cosa que además era facilísimo de demostrar –más allá, incluso, de la palabra de la madre-. Y este es un caso de la vida real, ocurrido en los Estados Unidos de los años 30’s, aunque la situación extrema es tan difícil de creer, tanto así como el chamo del cine que en vez de ir a avisar a la sala que la proyección fallaba, pensó que era más fácil convencerme de que si la película “no sonaba” pues era lo más normal.

“El Sustituto” de Eastwood, aparte de la protagonización de Angelina Jolie con su nominación al Oscar, y el acompañamiento del siempre impecable John Malkovich, es más que una recreación de un hecho terrible de asesinatos y corrupción policial, es una de esas películas que nos ponen a pensar en el país que tenemos hoy día. Un país en el que “la autoridad” no tiene mucha capacidad de respuesta. Y ojo, que puse el ejemplo de la proyección para que no piensen que me refiero a las “autoridades de gobierno”. Entendamos “autoridad” como cualquier persona que tenga la posibilidad y el deber de darnos respuestas. Igual que en el cine, puede suceder si usted reporta una falla de línea telefónica el técnico podrá insistir que la falla es de su aparato y no de la línea, así haya probado usted con otros teléfonos; si usted mete el carro al taller para que le cambien el parachoques y el carro sale con la bomba de gasolina dañada, el mecánico hará lo imposible para convencerle que ya esa falla la tenía, así la verdad sea que le estafaron. Por supuesto, es imposible dejar de lado las afirmaciones ministeriales aquellas de que “no hay escasez, es que la gente tiene más poder adquisitivo y agota los inventarios”.

Sin embargo, algo que me encantó en “El Sustituto” fue no solo el tesón de la madre por desafiar las instituciones que fuera necesario y siempre por las vías regulares, so pena de las más brutales represalias y vejaciones, y sin flaquear, sin pensar nunca que “eso no se va a resolver”. Y para eso hay algo indispensable: la solidaridad. Pero no la solidaridad pasiva de la compasión. Hablo de la solidaridad activa. La maestra de la escuela, el pastor de la iglesia, el locutor de la radio, hasta la “loca” del manicomio que es capaz de someterse al castigo del electroshock para defender los derechos de una desconocida, que no es “su problema”, pero lo hace suyo. Incluso el policía –curiosamente latino, en la película- que desafía a sus superiores cuando “huele” que algo está mal en la investigación –mejor tarde que nunca-.

Pensaba yo, cuando haciendo colas “madrugoneras” en la Inspectoría de Tránsito, el fiscal de turno decide poner arbitrariamente un “requisito nuevo” para tramitar algún documento, y uno protesta, otros que están en tu misma situación se quedan callados porque “puede ser que a ellos no los reboten”. Y los rebotan.

Lo bueno es que no todo está perdido. A pesar de mi cuasi apocalíptica introducción, “El Sustituto” también nos plantea esperanza, como el mismo personaje de Jolie lo dice cuando descubren a un niño sobreviviente de los asesinatos: “este niño me ha dado algo que antes no tenía, esperanza”. En la justicia, en que vale la pena insistir, en que vale la pena tener claro lo que queremos (podríamos decir como ejemplo, el tipo de respuestas que queremos de nuestras autoridades). En que resolver “mi problema” puede convertirse en un precedente para que otros no pasen por lo mismo que yo. Incluso puede ser que la solución de “mi problema” pase por resolver los primero los problemas de otros (como las reclusas del manicomio, que es una de las secuencias más dicientes de la película, a mi juicio).

Aunque esta sea una película que ya no está en las carteleras, bien vale la pena revisar, en cualquier rincón de alquiler, y no solo verla más de una vez, sino comentarla, con los amigos, con nuestros hijos, a ver cómo nos reflejamos en la terrible pero esperanzadora historia de Christine Collins y la Policía que le devolvió un hijo que no era el de ella.


30 de mayo de 2009

El Debate del Siglo

Sí, hubiera sido interesante ver a Vargas Llosa y a Chávez debatir sobre la democracia. 

Sí, estábamos claros que un bluff como ese no duraría hasta las 11 de la mañana del sábado cuando supuestamente se daría el debate.

Sí, fue bochornosa la burla (por venir del "poder detentado") que armaron en el Aló Cuatro Días, con insinuaciones de mal gusto y demás.

Ahora. En frío. Quitemos a Chávez, y pongamos a cualquier otro presidente por el cual no sintamos frío ni calor en la misma circunstancia. ¿Sería viable? ¿Qué otro presidente debatiría con un intelectual que viene de otro país a criticar su gestión? Independientemente de lo grande que sea el intelectual o lo terrible que sea el gobernante (o al revés, pudiera ser, progresista el presidente e infame el pensador). Se me ocurre que ninguno. No me imagino a Obama debatiendo con Galeano. A Uribe con Ramonet. A Lula con Otrova Gomas. Me los imagino conversando, sí, en una audiencia en un encuentro, qué se yo. Pero "debate", lo que se dice "debate".. eh... no.

Y no me parece que desdiga de nadie. Los debates suelen hacerse entre iguales. En política el caso más notable es el debate en tiempo de elecciones (cosa que aquí no sabemos lo que es, porque a pesar de que todos dicen querer debatir con sus contendientes, a la hora de la chiquita nunca se concretan, y no por lluvia). Los candidatos no debaten con el jefe de campaña, o por lo menos un candidato que se respete. Igual un presidente: "¿a cuenta de qué voy a debatir con este tipo que vien de afuera a cuestionar mi gobierno y a querer hacerme quedar en ridículo?" Aunque estuvieras convencido de no quedar en ridículo, pues es un razonamiento que no deja de tener lógica (repito, imagínense la situación con otro presidente que no sea Chávez, la premisa sigue vigente: va Luis Brito García a Colombia a debatir con Uribe... ¿criticaría a Uribe por no consumar ese debate?).

El problema es que Chávez es muy bocón. Fue él quien salió a retar a Vargas Llosa & Co. Y alguien le habrá dicho en algún corte comercial "presidente, no sea loco"... Entonces, tuvo que echarse para atrás, cambiar el cuento de lo que quiso decir, y vimos lo que vimos... Un supuesto debate (como lo dijo Roberto Malaver en la noche en Aló Vamos a Burlarnos de Vargas Llosa: "ya el debate comenzó") entre gente que piensa lo mismo.




19 de mayo de 2009

Mala leche con homofobia

Desde hace tiempo espero ver MILK, la película de Gus Van Sant sobre este congresista homosexual norteamericano, interpretado por Sean Penn -actuación por la que se ganó un Oscar la última edición. Desde que la estrenaron a nivel nacional, apenas fue la semana pasada que llegó a Puerto Ordaz. Bravo. Llegó solo a la sala Premium.

Una semana nada más, y el viernes que pasó la pasaron a una sala normal, pero solamente en una función de 11:00 p.m. Ya el domingo, MILK había salido de la cartelera local. Yo no pude ir a verla, pero una amiga sí. Me contaba que a pesar de ser un drama biográfico, la gente se mataba de la risa cada vez que salían los "homosexuales de la película", como si fuera una comedia. Y ojo, aclaramos, que no hay posibilidades de que la gente haya malentendido el ánimo de la película, porque Gus Van Sant no es un tipo que se vaya por lo cómico. Y por supuesto, que podemos pasar que haya algunos parlamentos que por carga irónica pueda arrancarte algunas risas. No es el caso. 

Recuerdo cuando pasaron Billy Elliot, cómo a cada rato que el chamito (que ni era homosexual) comenzaba a bailar, la gente lanzaba gritos y abucheaba. ¿Cuál es el rollo? ¿Miedo a que si se quedan callados y ven a un actor haciendo de gay la gente va a pensar que ellos también lo son? ¿o será que si no se ríen o se burlan se van a volver maricones todos? En serio que hay gente corta en esta ciudad.

Está bien, vale, voy a darles el derecho de que a esta gente no le gustan los homosexuales, por las razones que sean -se sienten amenazados, se incomodan, les trasgreden sus principios morales, qué se yo-, entonces ¡¡¡NO VAYAN A VER PELÍCULAS QUE TRATEN TEMAS HOMOSEXUALES!!! Nadie los obliga. ¿O de repente no sabían que la película iba sobre eso? Bueno, cuando empiece la película y ve que no le gusta, párese y váyase y permítale a los demás ver su película tranquilos.

Suelo ponerles a mis estudiantes LA SOGA, de Alfred Hitchcock sobre una pareja de homosexuales que asesina a un compañero. Y aunque la película realmente no va del tema de la homosexualidad, hay algún que otro parlamento que insinúa el tipo de relación. La primera vez alguien soltó el típico "aaaaay". Tuve que responder, "Sí, son homosexuales, creen que podemos superarlo y quedarnos con lo importante?". Ahora suelo advertirles antes que hay una "pareja homosexual" y que eso no la hace una película cómica y que por favor "superemos la tentación de la risa" a menos que sea la intención.


16 de mayo de 2009

Educación de avanzada.

El pasado viernes la ANDIEP (Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas) - Capítulo Guayana, realizó su habitual jornada anual para docentes y directivos en el cual varios charlistas exponen sus ideas de cómo avanza el sistema y técnicas pedagógicas. El gol en contra vino de un señor, Sandro Benecci, que preguntaba cosas como "¿Cuántas maestras de las presentes tenían un videobeam en su salón?" Como nadie levantó la mano, el señor estaba desconcertado "¿Cómo va a ser?". Pero digo, desconcertado tirando a "ustedes de verdad que son una porquería" que a "cuál es el contexto y por qué no lo usan".   Y es la primera falla, no vengas a juzgarnos poniendo por encima ¿tu experiencia? como medida -porque si lo buscan en internet el señor Benecci no viene del ámbito educativo-, al contrario, uno va a compartir visiones y ofrecer posibilidades.

En todo caso, su argumento era que "se aprende a través de la vista"...Si bien hay que admitirle un grado de evolución, pues ya no piensa que "se aprende con sangre", como en la Edad Media y hasta un poquito más de la mitad del siglo pasado, también a estas alturas debería saber que el aprendizaje es multisensorial (y sobre todo la Andiep debería saber de antemano lo que este señor va a proponer como postura, digo yo, como para darle cancha a una visión limitada del aprendizaje...). Pareciera que este señor le apuesta a que la calidad de la educación está en el simple hecho de tener tecnología disponible. Es decir, en su lógica de pensamiento, puedo pensar que una clase puede ser pedagógicamente buena si usted tiene un videobeam aunque ponga un "menjurje" de párrafos con mucho texto y un par de dibujitos prediseñados de Microsoft en una pésima presentación Power Point. Inconcebible.

No voy a negar que la tecnología en clases (de cualquier nivel) es una herramienta que puede potenciar el aprendizaje, pero bien utilizado. La sola tenencia de tecnología no "hace" el aprendizaje. De repente la pregunta pudo haber sido "¿Cuántos de ustedes SABE hacer una presentación PowerPoint y cómo poner los contenidos adecuados?", o "¿Cuántos de ustedes usan la internet y buscan materiales, videos que puedan compartir en clases y les sirvan para reforzar contenidos?", no sé, cosas por el estilo.

En fin, a la salida la mayoría comentaba lo atorrante y obtuso de la charla del señor Benecci, en un espacio que debería ser de amplitud y crecimiento pedagógico. Y eso que no les cuento cuando se le ocurrió preguntar "¿Cuántos de ustedes han ido a Disney World?"Nadie levantó la mano... Fin de mundo. 

PS: Justicia sea hecha, la profesora Luisa Pernalete, ex-directora regional de los Colegios Fe y Alegría, presentó su monólogo del maletín del educador popular, con el que ha recorrido varias ciudades del país mostrando la foto de su sobrino sentado en la poceta, jajaja, y de allí se lanza a proponer una actitud para hacer del salón de clases un ambiente más entretenido y adecuado para el aprendizaje, precisamente la educación como oportunidad para el disfrute.

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